Someone looks exactly like Messi. In Argentina, that's either a dream or a problem.
Todo el mundo tiene un doble en algún lugar del mundo. Lo dicen, al menos.
Pablo Díaz no pensaba en esas cosas. Pensaba en el próximo partido, en los entrenamientos, en cómo llegar a tiempo al estadio.
Hasta ese martes en Palermo. Una señora en la vereda lo señaló. Un nene le pidió una foto. Un señor mayor le extendió la mano y dijo: «Es un honor, Leo».
Pablo no se llama Leo. Pablo nunca jugó en el Barcelona. Pablo trabaja en una fábrica de medialunas.
Pero en Buenos Aires, parecerse a Messi tiene consecuencias.