An aging theater director stages one last play before the building is demolished — and confronts a decades-old regret in the process.
El Teatro Principal cerraría sus puertas para siempre en tres semanas. La demolición ya estaba programada.
Don Ernesto, su director desde hacía treinta y cinco años, había decidido montar una última función antes del final.
Durante los ensayos, la nostalgia lo invadía en oleadas inesperadas: el crujido del telón al abrirse, el eco de los aplausos que ya no volverían.
Había una obra que siempre quiso dirigir, pero que nunca se atrevió a poner en escena: la historia de un hombre que pierde todo lo que ama por no haber dicho, a tiempo, lo que sentía.
La noche del estreno, mientras el público esperaba en silencio, Ernesto se preguntó si el desenlace de su propia historia sería tan distinto al de la obra.